¡Adiós ciudad!

¡Adiós ciudad! - Las Palmas

Dos horas según el reloj del ordenador, hace que he abierto Spotify buscando rememorar el buen “mood” de esta experiencia. Pero la duda me asalta ¿Cómo hablar de un viaje sin viajar?

Y es así, yendo de blog en blog, como han corrido dos horas y yo lo único que he sacado en claro es que lo que cuenta es la experiencia.

Empecé la semana volviendo de Fataga. Un pueblo que, si vas en coche y no prestas atención, un parpadeo y ya te lo has pasado. Se sitúa al sur de la isla de Gran Canaria (sin “s” al final). El destino fue puro azar.

De camino al pueblo, el golpe que ofrece la visión del barranco de Fataga te devuelve a la raíz primera. Y me lleva al romanticismo en cuyas pinturas aparecen hombres a tamaño de hormiga frente a la importancia de la naturaleza.

Una vez dentro de la casa, yo con las dos maletas (una de ellas con juegos de mesa y libros) y la bolsa con comida. El rebuzno de un burro me da la bienvenida. Acto seguido unas campanas, luego, el silencio. ¿Hace cuánto no escuchas el silencio?

Fataga lo conforman menos de cuatrocientos habitantes desde el 2000. Hicieron una fiesta en la plaza del pueblo. Con motivo de la noche de San Juan se reunieron un grupo de vecinos, colocaron mesas y sillas, unas junto a otras formando una hilera que me recordó a la de los grandes banquetes. Desde el balcón de la casa se oye a unos/as niños/as dar comienzo a la noche en el pequeño escenario. Se oyen aplausos. Huele a asadero (barbacoa). Esa tarde se notó más movimiento en el pueblo que los días anteriores. Y a eso de las diez, cuando me acuerdo, paro en seco con los ojos muy abiertos por la sorpresa prestando mucha atención. Porque debo estar equivocada –pienso. Desde la casa ya no se oye nada. Parece que se ha acabado la fiesta. Entenderás mi reacción si, al igual que yo, vives en ciudad.

Durante los escasos tres días que duró el fin de semana, me sentí en un oasis. Como en un microsistema distinto pero no tan alejado del mío. Por lo menos no en el espacio y tampoco en el tiempo.
De manera que a veces, no hace falta buscar los mejores chárter, ni siquiera salir de la tierra de una/o para viajar.

Recuerda que vayas donde vayas no te dejes el respeto en casa. Ser cuidadosos/as garantiza la supervivencia de los lugares que te encantan.

¿Has tenido alguna experiencia similar? Ya sabes que ¡Compartir es vivir! Me encantará conocer la tuya.


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