Álava es el lujo

Álava es el lujo - Álava
Periodista

Si de repente se te ocurre nombrar Álava, la definición por excelencia sería que el Lugar de las rutas. No es descabellado ni tampoco incorrecto, en realidad es el concepto mismo de este territorio histórico.

Mucho más allá de las distintas clasificaciones que esconden sus rutas como la de los caminos, las experiencias, los sentidos, las intrahistorias, los parques naturales y las memorias, también hay un sentido de ser.

Dentro de lo que es Euskadi, Álava es muy simple y única. Cuenta con una diversidad de paisajes, monumentos históricos,  mayor peso del sector agrícola, flamante estructura demográfica y un clima distinto al resto. A su vez, este territorio es reconocido por la calidad de sus vinos procedentes de Rioja Alavesa, la comarca más meridional del territorio.

Entre las tantas construcciones históricas, se destaca el yacimiento romano de Iruña-Veleia. También son de especial importancia la calzada utilizada por los peregrinos que recorre la Llanada Alavesa, los abundantes restos prehistóricos de las zonas montañosas y los valles del sur, o las salinas blancas de Salinas de Añana, una de las imágenes más sorprendentes de Euskadi.

Sus espacios naturales y la cultura del vino

En gran parte de Álava, el territorio se encuentra constituido por mínimas poblaciones dispersas, con carácter rural y muy poco pobladas. Ante ello, este cuenta con importantes espacios naturales, que por la escasa industrialización, se encuentran en buen estado de conservación.

Son el parque natural de Valderejo, los espacios de Entzia e Izki, las lagunas de Laguardia y los tres parques naturales que comparte con los territorios norteños: Gorbeia, Urkiola y Aizkorri.

Sin embargo, la más codiciada es la Rioja Alavesa que se encuentra en el extremo meridional del territorio. Ahí hay gran parte de lo famoso de Ávala, sus vinos.

Se puede ver el ofrecimiento de núcleos amurallados, viñedos y bodegas, en donde se puede degustar los distintos tipos de vinos que se elaboran con en los bodegueros de la zona. Algunas de esas bodegas se constituyen auténticas obras arquitectónicas, como la bodega Ysios del arquitecto Santiago Calatrava o el complejo de Marqués de Riscal, diseñado por Frank Gehry, y que recuerda, en cierto modo, al Museo Guggenheim de Bilbao.


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