Chernóbil: Cuando la historia se convierte en un reclamo turístico

Chernóbil: Cuando la historia se convierte en un reclamo turístico - Internacional

Prípyat, a unos 30 kilómetros de Chernóbil, es, hoy por hoy, un pueblo fantasma, despoblado y apoderado por árboles por doquier. No obstante, no siempre fue así. Fue creado a principio de los años 70 para alojar, en primer lugar, los obreros y constructores que levantaron esa pequeña ciudad. Se le iba a dar uso para alojar y dar residencia a aquellos que trabajaban en el reactor nuclear de Chernóbil. Pocos años después, a principio de los años ochenta, Prípyat era una pequeña ciudad de unos cuarenta mil habitantes. Albergaba un hotel, un centro cultural, una plaza, un supermercado, un colegio, una guardería y un hospital. Incluso, contaba con una base militar. Estaba lleno de vida y en pleno desarrollo.

Sucedió el 26 de abril de 1986.

Una fecha, que marca un antes y un después. Eran casi la una y media de la madrugada. Iba a realizarse un simulacro en el reactor 4, por si en un futuro hubiera un corte de luz. Por error humano, se habían obviado las medidas de seguridad y se desconocía el deterioro del reactor. Por unos segundos, apagaron el reactor para, luego, volverlo a encender. Durante estos segundos, se acumuló mucha presión dentro del reactor. Cuando apretaron nuevamente el botón para ponerlo en marcha, sucedió la gran explosión. El mayor desastre nuclear conocido hasta hoy. Lo que ocurrió a continuación, ya es conocido. 34 años después, ya forma parte de la historia ucraniana. Este accidente llenó libros de historia e Internet con varios artículos. Una serie de vídeos llenaron las redes en recuerdo de lo ocurrido. Incluso, se llegó a rodar una mini serie.

Chernóbil: visita controlada a la ciudad fantasma

Hoy, tres décadas después, aún se considera un peligro vivir en este lugar, cuyo acceso está controlada por las autoridades ucranianas. No obstante, ya hay agencias de viajes que ofrecen un tour guiado: una visita nuclear por la zona fantasmagórica, Prípyat. Para acceder, se debe solicitar unos permisos. Todo ya viene organizado por la agencia. Los vuelos salen desde Madrid y desde Barcelona con destino a Kiev. Desde ahí, se tarda unas dos horas y media para llegar a la zona cero. La excursión tiene una duración de ocho horas e incluye los permisos necesarios y un almuerzo, así como un guía hispanohablante, quien nos llevará por este lugar emblemático y nos recordará la historia. Puede ser una oportunidad única para conocer los hechos en el lugar y revivir la historia. Un viaje al pasado, para conocer la historia, y al presente, para descubrir las consecuencias que pueden provocar un error humano y la falta de mantenimiento adecuado. ¿Habremos aprendido la lección? Solo el tiempo nos dará la respuesta.


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