Dachau: Donde el pasado y el presente se entremezclan

Dachau: Donde el pasado y el presente se entremezclan - Internacional

Al sur de Alemania, a unos pocos kilómetros de distancia, se encuentra la ciudad de Dachau. A pesar de ser pequeña, cuenta con una larga historia. Los primeros asentamientos que ocuparon este lugar se remontan a unos 2300 años aproximadamente. Fueron los celtas que se instalaron aquí a primera instancia. Más adelante, los romanos conquistaron esta área y la anexaron a la provincia romana denominada Recia.

En 1182, Dachau pasó a manos de la familia Wittelsbach. Este dominio duró hasta el año 1812. La Casa de Wittelsbach es una familia real europea y una dinastía originaria de Baviera. En la colina de Giglberg se sitúa el palacio construido entre 1546 y 1573. Junto a él, se encuentra el jardín real. Este palacio se convirtió en la residencia de verano de los príncipes de Baviera. Actualmente acoge una cafetería y un restaurante y ofrece la oportunidad de alquilar algunas salas para eventos especiales.

Una corta distancia del palacio se encuentra la Torre de Agua. Se trata de un edificio actualmente restaurado que alberga en su interior exposiciones y conciertos.

Cerca de la oficina de turismo se encuentra la Iglesia parroquial de San Jacobo que data del siglo XVII y fue construida al estilo renacentista. Su torre alcanza una altura de unos 44 metros y es actualmente todo un símbolo de Dachau.

Dachau contiene actualmente un casco histórico que se entremezcla con la parte más moderna. Durante los siglos XIX y XX se asentó aquí un gran número de artistas, atraídos por la vida y el panorama de este lugar. De aquella época, existe actualmente un Museo que da fe de su gran variedad de obras.

Un paseo por Dachau nos lleva por callejones y callejuelas con sus casas y edificios pintados de un colorido especial. No obstante, la historia de esta pequeña ciudad no siempre fue tan colorida. El 22 de marzo de 1933, tan sólo dos meses después de que Adolf Hitler se convirtiera en canciller alemán, se inauguró aquí el primer campo de concentración con la insignia ‘Arbeit macht frei’ (el trabajo hará libre). Este fue construido sobre una fábrica de pólvora en desuso que quedó de la Primera Guerra Mundial.

Al ser el primero que se construyó, sirvió de prototipo para los demás campos de concentración que se construyeron posteriormente. Además, sirvió de centro de formación de la SS para controlar los exterminios de los demás campos.

Una vez abierto, se seguían construyendo ampliaciones. En el año 1938 albergaba 32 barracones y en 1941 contó con dos crematorios y una cámara de gas. En el día de hoy, este campo de concentración está abierto al público para su visita y sirve de recuerdo de la crueldad humana o de lo que es capaz de hacer el hombre, aunque cuesta mucho comprenderlo. Es el único campo de concentración que duró los doce años de gobierno, desde 1933 hasta 1945.

Hoy, el pasado convive con el presente y con el deseo de pasar página de los horribles sucesos, pero que nunca deben olvidarse para que éstos jamás se repitan.


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