Donostia la luz y el alma de todas las cosas

Donostia la luz y el alma de todas las cosas - Guipúzcoa
Monte Igueldo. Donostia

 

San Sebastián es la capital administrativa de Guipuzkoa, la más pequeña de todas las provincias peninsulares. Hasta aquí se puede llegar por carretera (Nacional I o Carretera del Norte) o por avión (desde el Aeropuerto de Fuenterrabia, otra preciosidad de lugar imposible de olvidar).

Donostia, asomada al Cantábrico a través de la Bahía de la Concha es un lugar que jamás podremos olvidar. De una singular y profunda belleza; quien visite esta ciudad por primera vez quedará profundamente marcado por las gentes y por la belleza de tantos y tantos lugares dignos de visitar y ser visitados.

Hermosa, única,  y nostálgica  Donostia es una ciudad enamorada de sí misma. Coronada por el intenso verdor de las montañas que rodean a esta ciudad, podemos sobrecogernos a través de las sensaciones que pasear por sus calles llegará a producirnos.

No, no es solo lo hermoso, lo bello, lo decadente en ocasiones, de sus calles intrincadas y laberínticas de su Casco Viejo, ni siquiera su Catedral, la llamada del Buen Pastor, que orgullosa y altiva clava sus agujas góticas en lo plomizo de un cielo único y singular.

Ni tan siquiera se trata del imponente mirador ubicado en el Monte Igueldo, al cual podemos acceder por un antiquísimo  funicular, desde donde podemos ver la vasta y sobrecogedora  orografía guipuzkoana,  tampoco por los edificios modernistas que aún se conservan; ni siquiera por el fuerte ubidado en el Monte Urgul con una figura de imponente de Jesús bendiciendo a toda la ciudad y donde aún hoy día podemos perdernos y visitar el llamado “cementerio de los ingleses”.

No. Visitar la burguesa ciudad de Donostia es algo único no solo por la singularidad y la belleza de sus paisajes, sus gentes y sus ancestrales costumbres. Algo único  ocurre en esta ciudad: todos nuestros sentidos se embriagan de sonidos, de olores, de voces y acentos euskéricos, un lugar donde todos nuestros sentidos se estremecerán, llegando a hacernos sentir  la auténtica esencia de esta ciudad fronteriza y única.

Podemos sentir el bramido del mar cuando hay galerna, sentir la estridente armonía del txistu,  la intensidad de la txalaparta o embriagarnos de los dantxaris con sus vistosos trajes regionales.

El olor… oler a mar, oler mil oleres en una mezcolanza de aromas imposibles mientras caminamos por lo Viejo.  Embriagar nuestro rostro con la espuma que salpica del inmenso y bravo mar norteño. Sentir la tradición más antigua y perdida al tocar la piedra con nuestras manos, o estremecernos con los mil silencios que a veces prevalecen.

¿El gusto? La maravillosa comida tradicional vasca hará que nuestro paladar sea protagonista único durante el tiempo que dure nuestro amaiketako, o mientras degustemos un excelente txacolí del lugar.

¡Y la vista! Sentir a través de los ojos la pugna entre colores y sombras, entre luces y oscuridades, entre lo gris del cielo y la belleza de todo lo bello que nos rodea.

Sentir la pugna entre la luz cantábrica, enturbiada por la espuma del mar y el intenso verde de montes y montañas que se asoman y coronan tan regia ciudad. Un lugar como emergido de un cuento imposible, una ciudad donde tradición y modernidad se entrelazan como en un imposible cuento de lamias y una olvidada magia que se niega a desaparecer.

Porque en San Sebastián podemos sentir algo que jamás en ningún otro lugar podremos llegar a percibir: la pugna y la lucha entre la luz y el alma de una tradición perdida en el tiempo, alma de todas las cosas que nos rodean.

 

 

Algunas webs de utilidad:

 

Euskadi Turismo

Imágenes antiguas de Donostia

 

 


4.75 - 4 votos

Patrocinado