Iquitos y la magia de la selva nocturna

Iquitos y la magia de la selva nocturna - Perú

Al noreste del Perú existe el departamento más grande del país pero en el que habita solo el 3% del mismo según el Censo Nacional del 2017 (la mayoría de habitantes de Perú viven en la capital de Lima); sin embargo, Loreto tiene una diversidad de flora y fauna increíblemente abundante. Como nieta de loretana siempre he tenido un feeling especial por la comida, trajes y cultura selvática. El encanto de la naturaleza lejos de la bulla de la ciudad, de los claxon, la vida agitada y el estrés del tráfico limeño provoca constantemente querer desconectarse y descansar. Así que el último año nuevo decidí que quería pasar el nuevo año en medio de la selva. Compré mi boleto y con una amiga buscamos en una página del estado (ytuqueplanes.com) el tour más barato sin saber que tendríamos la experiencia más rica. Es posible encontrar infinidad de tour en la ciudad de Iquitos, no sé si en otros exista la opción de caminata nocturna pero esta experiencia ha sido realmente de otro mundo.

El primer día que llegamos al hospedaje en medio de la selva (y aún sin ninguna picadura de mosquitos ni zancudo u hormiga) nos apuntamos al tour nocturno en la selva. Fueron dos horas de la caminata más emocionante e interesante que muchas otras que ya habíamos hecho. Durante el camino, iluminados solo con linternas, nos topamos con luciérnagas, tarántulas, sapos y ranas, monos, grillos. Tuvimos un espacio en el que todos apagamos las luces de las linternas solo para escuchar el MÁGICO SONIDO DE LA SELVA, es un sonido indescriptible que hace volar tu imaginación pero a la vez te genera unos minutos de paz y tranquilidad, te repasa las pequeñas criaturas que somos en medio de una selva gigantesca que desaparece poco a poco a mano de minerías ilegales y deforestación. En medio de esa oscuridad el guía nos contó sobre el Chullachaqui, el Tunche y otras leyendas que los pobladores y los propios guías han experimentado en carne propia. Prendimos las linternas y seguimos la caminata hasta ser un poco (no tan poco) picados por hormigas del tamaño de mi uña del dedo meñique.

Pero… igual lo volvería hacer!


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