La experiencia única del trekking, con el condimento de una llama de compañera

La experiencia única del trekking, con el condimento de una llama de compañera - Argentina

El Valle de Yokavil, ubicado entre Catamarca y Tucumán, era una de las áreas más pobladas de nuestro país hasta que los españoles llegaron e hicieron su trabajo. Debemos remontarnos a 8000 años AC, en ese instante del pasado, diversas culturas desplegaron su actividad en el valle. De ese periodo quedan incólumes testigos pucarás, complejos habitacionales, andenes de cultivo y otras construcciones que legitiman un pasado socialmente hacendoso a lo largo del valle que es atravesado por el Río Santa María.

En el extremo sur de ese valle, sobre la ruta 40, se encuentra Las Mojarras. Un poblado que el último censo indicó que sus habitantes no eran más de mil. Un lugar para que la vista disfruta y el alma se insufle de naturaleza. Se encuentra a siete kilómetros de Santa María de Yokavil, la cabecera del departamento homónimo, la que presenta una interesante diversidad de alojamientos y propuestas gastronómicas para el turista.

En Las Mojaras se realiza el llamado turismo comunitario, el emprendimiento denominado Llamas del Yokavil ofrece al visitante vivir la experiencia de un campamento familiar o, para aquellos que deseen algo de menos tiempo, el trekking con llamas.

La actividad es de unas tres horas de duración. Se realiza con pocas personas, y siempre bajo situaciones emparentadas con el bienestar de la llama. El desafío es llegar a la cima de Cerro Pintado, monumento histórico nacional desde 1994. Antes de partir, se ofrece una charla explicativa sobre el camélido: su alimentación, sus características físicas, su historia en la región, la conformación de sus familias y la distribución de roles.

Luego comienza la etapa de sociabilización con el animal. El turista debe tocarlo como entretejer un vínculo de confianza mutua. Se aclara también que están acostumbradas a caminar a la derecha de las personas y que, si alguien se para frente a ellas, dejan de avanzar, entre otros detalles básicos para la salida.

El trayecto comienza y lo primero que sale al paso es un grupo de morteros ahondados en la roca que eran utilizados para la molienda colectiva. Mas adelante la marcha se detiene en una apacheta. Son montículos de piedras, levantados en honor a la Pachamama. Su forma es cónica. Poseen una base amplia debido a los permanentes derrumbes y a que no es costumbre reconstruirlas. Los pueblos originarios cuando salían en sus caminatas al pasar por la apacheta ponían una piedra y le pedían algo, “que el camino no me depare desgracias” por ejemplo. Al regresar al poblado volvían a pasar por allí dejando otra ofrenda en forma de agradecimiento por la gracia concedida.

La vía trepa luego por el faldeo este, entre voluminosos cardones hasta llegar a la cima donde se encuentra el Mirador de la Virgen. Por el oeste, la Sierra del Cajón despliega sus colosales crestas. Y de cara al naciente se aprecia buena parte del valle de Yokavil, con sus parcelas de pimiento, sus viñedos, sus nogales y sus bosquecillos de algarrobo.
Es un turismo diferente, que se involucra con la cultura y el ambiente, que consiste en vivenciar las experiencias de manera compartida entre los habitantes locales y visitantes, para disfrutar de la cultura a través de un intercambio respetuoso y sin dejar huella en el medio ambiente.

Santa María de Yokavil, un destino atrayente, que abre la puerta de la historia, para brindar su encanto y su magia al turista.


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