Más allá de Machu Picchu

Más allá de Machu Picchu - Perú

MÁS ALLÁ DE MACHU PICCHU

 

¿Se han preguntado qué hay más allá de Machu Picchu? Bueno, ahí es donde la verdadera aventura comienza.

El río Urubamba, que corre a lo largo del Valle Sagrado de los Incas, bordea Machu Picchu, adentrándose en la selva, y continúa su ruta erosionando la cordillera, formando así el pongo de Mainique −muy arriesgado de cruzar, según se dice−. Finalmente, confluyendo con el Tambo da inicio al río Ucayali, afluente del Amazonas. Esta convergencia sucede en la ciudad de Atalaya, Ucayali, en plena llanura amazónica; exactamente frente a la casa de mis abuelos.

Siempre me impresionó la fuerza con la que se encuentran ambos ríos, mezclando caudales y colores. Un día, observando tal espectáculo, se me ocurrió que podría llegar a casa desde Machu Picchu −a donde voy con frecuencia debido a mi trabajo y estilo de vida nómadas−. ¡Sí!, por río. ¡Qué loca estaba! No sabía lo que me esperaba.

Ésta ha sido quizá la más intrépida de mis aventuras. Me alegra haber llevado una bitácora; bueno, una cámara para ser más precisa.

23 de enero de 2011

Tres de la mañana, mochila al hombro y bien abrigada, salgo de Cusco rumbo a Ollantaytambo para tomar el tren de las cinco hacia Aguas Calientes, más conocido como Machu Picchu pueblo. ¡Qué frío! Bueno, es época de lluvias. ¡Aquí vamos!…

De Aguas Calientes a la estación de Hidroeléctrica ha tomado una hora en tren local. ¡Todo un reto a la comodidad! ¡Por fin puedo estirar las piernas! 

El camino está obstaculizado por un deslizamiento –usual en esta época−, así que tenemos que caminar un kilómetro con lluvia y barro a lo largo de la vía férrea, para conseguir transporte hacia Santa Teresa y seguir avanzando.

La mejor opción ahora es hacer transbordos, y la única opción en este momento es un camión, por el que hemos tenido que esperar como una hora. El viaje nos tomará una hora más hasta Cocalmayo, poco más allá de Santa Teresa. ¡Como paquete!, apretados en la parte de atrás con todo y bultos, rebotando en cada bache y ¡de pie!, ¡¿no querías estirar las piernas?!

¡Otro deslizamiento! Tendremos que volver a Santa Teresa para tomar una ruta alterna, lo que tomará diez minutos en auto colectivo, no importa si viajamos contorsionados, no es mucho tiempo…

Pues en Santa Teresa están haciendo trabajos de limpieza por los deslizamientos, así que tuvimos que esperar un rato más; pero estamos retomando el viaje y en unos cuarenta minutos estaremos en Santa María para tomar otro transporte por otros cuarenta minutos para finalmente llegar a Quillabamba –que es más lindo que Maranura, como dice la canción−.

Poco más de las dos, hemos dejado atrás las trochas y caminos afirmados para llegar a la ciudad de Quillabamba, que tiene todas comodidades sin perder la atmósfera de selva. Es momento de disfrutar de un ansiado descanso, un buen almuerzo ¡qué hambre!, y del clima caluroso; y aunque ahora esté fresco por la llovizna, se respira un agradable aire tibio.

¡Suficiente! Hay que seguir. Minutos antes de las siete, partimos en bus hacia Ivochote, el último punto de la carretera en donde tomaré el bote para cruzar el pongo. Hora estimada de arribo: dos de la mañana. ¿Será?

24 de enero de 2011

¡Pues no!, no llegué a las dos de la mañana. Son casi las tres y treinta; así que tomaré el primer lugar que encuentre… Una habitación simple, muy muy simple: una cama con medio mosquitero y una mesita de noche. Por diez soles más ¿me habrían dado mosquitero completo? El baño es compartido, parece más un baño comunitario, pero bueno, es lo que hay.

Son las siete de la mañana, no dormí casi nada pero estoy ya lista en el puerto viendo partir los botes “pongueros”, desaparecen misteriosamente entre la bruma. Son llamados así por tener una proa elevada y pronunciada especial para romper el oleaje en el pongo. ¡Qué emoción, voy a cruzar el pongo de Mainique!

Aquí en el puerto he contactado a Marco, quien tiene un negocio de despacho de encomiendas a lo largo del Urubamba; además es dueño de un hotel y restaurante en Ivochote. Él dice que desde este punto toma un par de horas llegar al pongo, pero que sólo están saliendo botes de carga porque el río está muy crecido y peligroso para transportar pasajeros. ¡Qué decepción, no voy a cruzar el pongo de Mainique!

Entonces, mejor aprovechar el tiempo en hacer un poco de investigación para ver cómo y cuándo voy a cruzar el pongo. Nada como una buena comida para conversar un poco más con Marco y Nicolás. Tiene toda la pinta de turista. Él se aloja aquí donde Marco; ha venido varias veces para trabajar en su tesis. Es antropólogo, sociólogo, lingüista; habla inglés, español, quechua y machiguenga, la lengua nativa de dicha etnia. –Casi casi un superhéroe−.

Como conocedores de la ruta, ellos me dicen: dos horas al pongo, una hora a Timpía, dos horas a Camisea, hora y media a Kirigueti; y un par de horas a Miaría, pasando por Nuevo Mundo, Nueva Vida y Nueva Luz. ¡Sí puedo! Es un día entero de viaje, voy conociendo las comunidades nativas y cruzando el pongo estoy cerca de Sepahua y ¡ya!, a un paso de Atalaya. ¡Sí puedo! Aunque… las condiciones del río aún no son buenas y ya no tengo mucho tiempo. Ni modo, habrá que abortar la misión.

Además del puerto, no vi mucho de este pueblo. Tiene lo básico, aunque no hay red móvil.

Son las dos de la tarde. Esta vez, en el retorno, iré parando en nuevos lugares, así que… hacia Kiteni…

Poco más de dos horas y me he encontrado con un pueblo provisto de todo lo necesario, incluso acabo de registrarme en un buen hotel, cuya dueña es además mi tocaya. Linda habitación, sencilla pero limpia, con Direct TV y ducha eléctrica… seguro me pasa corriente, ¡siempre me pasa corriente!

25 de enero de 2011

Después de haber paseado un poquito por Kiteni, estoy saliendo en el bus de las diez y cuarenta de la mañana rumbo a la ciudad de Echarate. De regreso a las trochas y caminos afirmados…

Luego de poco más de cuatro horas rebotando, aquí estamos: ¡Echarate! El viaje ha tomado un poco más de lo estimado porque tuvimos que esperar que limpien un deslizamiento en la ruta. ¡Novedad!

¡Qué hambre!, como algo al paso

Bueno, la comida no ha sido la mejor pero en “tiempos de hambre…”.

Después de un corto tour panorámico en transporte local, el “mototaxista” me lleva a Siete Tinajas. Está muy orgulloso de su ciudad, sobre todo del complejo de piscinas de Echarate; y la verdad que sí es bonito y moderno para la zona. Veinte minutos selva adentro, nos acercamos al destino. Siete Tinajas es una cascada compuesta por siete pequeñas caídas de agua que se vierten consecutivamente en pozas con apariencia de tinajas. El “mototaxista” me ha dicho que los famosos petroglifos están en la cima de la cascada, así que ¡ahí vamos!

Como evidentemente no puedo subir la cascada, estoy tomando el camino lateral que es muy angosto, empinado y resbaloso; parece que ha llovido. Además se nota que no han limpiado el camino hace tiempo porque hay mucha vegetación interrumpiendo el paso. ¡Sólo a mí se me ocurre hacer estas cosas!, ¡o me resbalo y muero incrustada en una rama o me devoran los mosquitos! ¡¿Dónde está esa bendita piedra?! ¡¿Hasta dónde más voy a subir?! Sigo subiendo pero no logro dar con los petroglifos. Creo que es mejor volver porque ha empezado a llover y el camino de bajada será peligroso… ¿Quién es?, ¿hay gente acá?…

−Vale la pena hacer una pausa en la bitácora para compartirles el diálogo que tuve con Don Camilo, quien pasaba por ahí−:

−Señorita, ¿se ha perdido?

−Hola señor, estoy buscando los petroglifos.

−Es esa piedra de allá.

−¡¿La que está en medio de la cascada?! ¡No podré llegar allá!

−Yo la llevo… en mi espalda.

−¿Seguro?, bueno. ¡Gracias!

¿Cómo puede ir contracorriente y conmigo en la espalda? Es flaquito y tan joven no es. Y yo tampoco soy tan flaquita. –Otro superhéroe−. 

Pues ¡llegué a ver los petroglifos! gracias a la ayuda de Don Camilo, dueño de la propiedad de Siete Tinajas, que es un lugar ¡precioso! Justamente me está contando que se dedica a la medicina natural ¿será por eso que es tan fuerte? Interesante charla, pero ya es de noche y tengo que seguir, estoy a tan sólo una hora de Quillabamba…

¡Quillabamba! He venido directo a un hotel que me recomendaron como el mejor, el Don Carlos; y en realidad sí, está muy lindo. Además conseguí un descuento. ¡Estoy muerta!, ¡a dormir!

26 de enero de 2011

Son las diez de la mañana y, después de haber paseado un poco por “Quilla”, voy de retorno a Cusco; esta vez, directo. Ya no quiero más deslizamientos, ni transbordos, ni trochas, ni baches, ni rebotes. Unas cinco horas y llegaré a mi destino.

Es una ruta bastante directa, la carretera está asfaltada casi en su totalidad; sólo hemos parado un ratito para almorzar. Y lo mejor del paisaje está a medio camino: ¡el abra Málaga! Desde aquí, a 4 316 m.s.n.m., la vista de los nevados, sobre todo de la Verónica, es ¡impresionante!, ¡lástima que esté lloviendo!, sino se apreciaría aun mejor…

¡Cusco manta! A pesar que no llegué hasta donde quería, ha sido una gran aventura… Fin del registro. Me he quedado con la espina, tengo que volver…

Y volví…


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