Osuna. Una parada obligatoria

Osuna. Una parada obligatoria - Sevilla

Osuna es sin duda una de las poblaciones de la provincia de Sevilla, junto a la autovía A-92, que no deben de perderse por su zona monumental, sus calles y por supuesto su antigua Universidad, motor de esta población, modernizada hoy en día.
Interesante y poco conocida es su Lex Ursonensis. Puede consultarla por internet ya que es un documento histórico que refleja la creación de la ciudad, así como su uso jurídico llegado de Roma directamente. Osuna se creó con colonos venidos de Roma por orden directa de Julio César.

Osuna tierra de osos, como lo demuestra su escudo, aunque ya no pretendan ver alguno por la zona.
Ciudad monumental que mantiene sus tradiciones y potencia su Semana Santa, aliciente más para su visita.

Dispone de todos los servicios y una oferta hotelera que normalmente aprovechado antiguas casas señoriales o bien grandes edificaciones rehabilitadas ofrece un servicio personal, como solamente puede hacerse en este tipo de localidades. Con una oferta gastronómica muy interesante de tapeo, así como una buena tradición de hojaldre y pastelería en sus confiterías, de las que en la visita por estas tierras no deben olvidarse.

Recomendarles el tapeo por cualquiera de sus bares y para almorzar, aprovechando para nombrarle el Rey Arturo, en el centro, con buena variedad, rapidez y simpatía, donde lo de tradicional se convierte en otra cosa. La Plaza Mayor y el entorno para el tapeo, la mejor manera de probar un poco de todo, como las carnes de caza.

Partiendo de esa Plaza Mayor, centro de donde podemos comenzar nuestra visita podemos ir buscando los monumentos que relacionamos o simplemente ir a su encuentro conforme paseamos.

Abandonando ese centro, justo al lado de su Plaza Mayor, se encuentra la iglesia de Santa Clara del siglo XVII donde, la comunidad de religiosas clarisas se instalan en el convento de la antigua ermita de Santa Ana, siendo el terreno permutado por el convento este donde se aprecian entre otros enseres un púlpito de magnífica obra de detallosa y policromía decoración.

Justo enfrente se encuentra el palacio de Los Cepeda del siglo XVIII perteneciente a la familia del mismo nombre, hoy en día son los juzgados en Osuna y en esta familia de la que fue su miembro más destacada Santa Teresa de Jesús, aparece en la imagen sobre la puerta de entrada, destacando la fachada con jaspe de intensas y diferentes tonalidades.

La iglesia de Santa Catalina, del s. XVII que adopta la disposición habitual en los monasterios mejicanos, con zócalos en su interior de azulejos sevillanos del s. XVIII que recubren toda la sacristía.

La subida a la colina donde se encuentra la Antigua Universidad, la Colegiata y el Monasterio de la Asunción podemos hacerla a pie, son 10 minutos en una buena cuesta, o bien en coche dando un ligero rodeo, muy bien indicado, aparcando justo al lado de los monumentos.

Una vez arriba veremos una gran edificación con apariencia de castillo. La antigua Universidad, hoy modernizada con otras instalaciones a las afueras. Un edificio original que presidía la población y marcó a generaciones que han estudiado entre sus muros. Fundada por el IV Conde de Ureña en 1548 con un gran artesonado mudéjar.

Con un patio porticado y un paraninfo con un artesonado mudéjar que se conserva para disfrute de todos. En su frontal la Colegiata.

Fue D. Rafael Manzano Martos quién rehabilito la Colegiata que es quizá el centro del patrimonio de esta ciudad. Un monumento digno de visitar, que contiene propiamente una iglesia, zona de Arte Sacro donde se recogen imágenes y otras iglesias y capillas de la zona que se han ido cerrando, deteriorando o incluso han desaparecido y que son vivamente explicadas en las visitas guiadas.

Antiguamente todas las hermandades de Semana Santa de Osuna tenían que hacer su estación de penitencia en la insigne iglesia colegial de Nuestra Señora de la Asunción, con lo cual la plaza donde se encuentra tanto la Colegiata, como el Monasterio de la Encarnación, recibía a todos los pasos durante la subida al punto más elevado de la ciudad, siendo todavía tradición en algunas cofradías que lo mantienen como uno de los momentos más emotivos, sobre todo el Jueves Santo, día grande para todos los católicos y esta ciudad. Con una visita de aproximadamente de 20/30 minutos, acompañado por las monjas que lo habitan y desde hace medio siglo llevan enseñando y contando la rica y viva historia del monasterio, con varias salas de arte sacro que llaman la atención, como donde se muestran las dotes que cada monja en su momento aportaba a su entrada, que hace de ella una colección de Niños Jesús y ropajes, muy interesantes, así como pequeñas tallas que no desvelo, para la sorpresa del visitante, figuras de terracota, orfebrería de los siglos XVI y XVII. Una visita muy particular y asequible, con la iglesia y el patio interior como centros de la misma.

Quienes quieran consultar esta particular Semana Santa pueden hacerlo a través de Internet en la página: www.caminosdepasion.com
En la insigne Iglesia Colegial está el museo de Arte Sacro del siglo XVI en un edificio renacentista que alberga una magnífica colección de lienzos de José Rivera “el Españoleto”, el Cristo de la Misericordia de Juan de Mesa, el panteón ducal bajo cripta, que presenta una reducida capilla, llena de detalles, con su pequeño coro, altar y simbología, siendo el lugar de enterramiento de los Duques de Osuna.

La iglesia de Santo Domingo que forma parte de la parroquia de Nuestra señora de la Asunción del siglo XVII es un templo de una sola nave, aunque rodeada de capillas en su interior en las que se encuentran importantes obras de arte como el retablo de Jerónimo Hernández y Diego de Velasco obras de Antonio de Alfian.

En cuanto a dulces sólo ponerles unos pequeños deberes, busquen unos llamados bizcochos marroquíes, en uno de los lugares nombrados los encontrarán.

Y me gustaría terminar con unos versos de uno de sus ilustres habitantes, como fue Pedro Garfias:

Desde la Colegiata,
alta como una frente,
es grato componer y
descomponer el rompecabezas
del pueblo: los suspiros claros
de las casas, las plazas de
ancho aliento y esos viejos
marquistas de las torres,
ciegos y altivos.

Pedro Garfias — “El Ala del Sur” (1926)

Osuna, un lugar para visitar.


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