París, ciudad luz

París, ciudad luz - Francia

Después de un largo recorrido en tren desde la ciudad de Lourdes al suroeste de Francia, llego a media mañana a la ciudad de París junto con un grupo de otros dominicanos. La primera impresión de la ciudad nos deja sin aliento. Por fin estamos en la ciudad más soñada por los viajeros, enamorados, arquitectos, artistas bohemios, amantes de la cultura, de la alta costura, de la buena cocina, de la enología, los perfumes, los museos, jardines, cafés al aire libre; en fin, del universo de posibilidades más amplio que usted pueda imaginar.

Apenas llegamos, lo primero que hago después de dejar mi equipaje, es dirigirme a la Torre Eiffel junto con otros tres compañeros de viaje, nos vamos caminando porque nos queda a pocos pasos de nuestro lugar de estancia.

Mientras hacemos la línea para pagar el derecho de admisión del elevador que nos llevará a la parte más alta de la torre, a una joven dominicana, que también era parte del grupo le perforaron su mochila con una navaja y le robaron todas sus tarjetas de crédito y dinero en efectivo. Sí, aunque usted no lo crea, en el glamour de París también se cuecen habas como en cualquier otro lugar del mundo y hay que cuidarse de los ladrones, asegurando bien sus pertenencias. En mi caso particular evité usar los pasos peatonales a desnivel, ya que algunos, al ser solitarios son lugares que te hacen presa fácil de los ladrones.

Una vez arriba en la Torre, nos sentamos en un café a tomar algunas bebidas refrescantes. Un joven francés que nos atiende, al saber que éramos dominicanos nos empieza a cantar una canción de Juan Luis Guerra, nos dice que conoció su música a través de un amigo venezolano.

Desde lo alto de la Torre Eiffel la vista es exuberante, tenemos toda la ciudad de París a nuestros pies dividida por el Río Sena en dos grandes partes entrelazadas por una treintena de puentes monumentales. Desde el punto más alto abierto al público, 276 m se divisa El Trocadero, Escuela Militar, Les Invalides, La Défense, Montmartre, y cuando el cielo está despejado se puede ver a 67 Kms a la redonda, alcanzándose a ver hasta las ciudades de Meudon y Saint-Cloud.

Al llegar la noche de mi primer día en París; y con ella el encendido de las luces, unos amigos me llevan a hacer un recorrido en automóvil por la ciudad, la vista no podía ser mejor, y bien le cabe el nombre de Ciudad Luz, por la belleza que exhibe y la iluminación de sus edificios, plazas, puentes y monumentos. Cabe destacar que la ciudad de París fue diseñada en los tiempos cuando no había energía eléctrica y para construirla se tomó en cuenta el aprovechamiento de la luz natural, de manera que ésta jugaba un papel muy importante en la misma y hoy en día sigue siendo así a pesar del modernismo del siglo XXI.

El Gran Arco de la Defensa (aunque con un diseño más minimalista) es la ¨puerta de entrada¨ al París moderno, sin embargo, no rompe drásticamente con el París clásico.

París es una ciudad que no puede definirse con palabras y sólo puede ser entendida cuando estás allí. Es una ciudad donde a cada paso te ¨tropiezas¨con la gloriosa historia de Francia que vibra con la melodía de la Marsellesa y la convierte en un gran museo al aire libre.

Aunque París tiene un excelente y eficiente sistema de Metro y Autobuses es recomendable recorrer algunos lugares a pie, ya que algunas atracciones y puntos de interés están cerca unos de otros. Así es que si estás en buenas condiciones físicas y dispones de tiempo, no dejes de caminar por el Boulevard la Avenue des Champs Elysees y sentarte a tomar un café en uno de los muchos bistros al aire libre que encontrarás en esta concurrida avenida.

Mi visita a París estaría incompleta sin un recorrido en ferry por el Río Sena, y que mejor momento que al caer la tarde cuando la ciudad se va iluminando y en las aguas del Sena se reflejan como en un espejo las luces amarillentas de la ciudad, dando la impresión de una ciudad paralela; y ver desde otra dimensión el Museo de Louvre, la Ile de la Cite y la majestuosidad de los puentes apreciados desde abajo con figuras de detalles dorados que parecen recién pintados, aunque datan de tiempos remotos; debido al mantenimiento y restauración a la que se someten éstos y otros monumentos.

Definitivamente, París es la ciudad luz.

Por David Rodríguez Mercado


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