El secreto mejor guardado de Castellón

El secreto mejor guardado de Castellón - Castellón

Todo es llano, plano. Sin una cuesta que subir ni que bajar, desde un vértice de la ciudad puedes contemplar toda su luz, desde el puerto hasta los edificios que separan las áridas y rocosas montañas del desierto. Fue una hora entre las autovías desde el aeropuerto a casa, mientras tanto los naranjos vestían las cunetas. Oteando el paisaje de la izquierda, la costa mediterránea reflejaba la luz del sol naciente que decoraba el este. A la derecha la inmensidad y fuerza de la naturaleza se hacía ver en forma de montañas y praderas secas y verticales.

El oleaje de las aguas tranquilas orquestaba una cómoda instancia en aquellas playas. Los edificios algunos antiguos, derruidos marcaban un matiz singular en aquella estampa. Las casas blancas y pequeñas auguraban un paso de los días tranquilo y relajado. Mientras tanto, el lacónico placer de disfrutar del acervo propio del Grao de Castellón se resume en comer paella y finalizar esta cita con un carajillo. Cuando el sol ya ha dejado una estela de luz por todo su recorrido, la luna y las estrellas se hacen ver y una cena en la playa es el mejor escenario para desdeñar las ciudades lujosas y metropolitanas. Desde la orilla, las estrellas se funden con la oscuridad del mar. Una cena protagonizada por el pescado propio es la mejor solución para finalizar el día.

El día aquí empieza pronto, a las 6 de la mañana los buques de carga y pesca ya agitan el mar. Poco tiempo después el tráfico se aglutina por los alrededores de la pedanía, las pescaderías y comercios locales abren al público. El mercado, en la plaza central, junto a la iglesia, se inunda de jubilados en busca del mejor producto para el día a día. En los bares fluyen la cerveza y el vino para los bebedores. Por la tarde y tras un sórdido silencio la zona marítima, abrumada de turistas y vecinos, se convierte en el plan ideal para finalizar el día. Y así, la jornada acaba entre estas calles, como en el principio, con un oleaje placido, con edificios antiguos y con casas que prometen la sorpresa de lo cotidiano para el día de mañana.


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