Señales de que eres español pero viviste en Islandia

Señales de que eres español pero viviste en Islandia - Internacional

1.Te quedas en las noches, expectante mirando al cielo, así como mirando, esperando algo.. Quizás si lo deseas mucho, aparezcan esos bailes verdes en el cielo, que una vez viste y jamás has podido olvidar. Luego te dices que jamás se han visto auroras boreales en estas latitudes, y te dan ganas de llorar, pero sigues mirando al cielo, porque crees en lo imposible.

2. Crees en lo imposible. Y no es que de pronto te hayas convertido en la persona más utópica e idealista del planeta, es que cuando has visto carreteras desviadas para no molestar “moradas de elfos”, camiones rodando por la carretera como bolas de paja en el Oeste americano, debido al viento; pues como que lo posible e imposible se diluyen bastante.

3. Te acostumbraste a pagar con tarjeta absolutamente todo, incluso una piruleta en el quiosco de la esquina. Ahora, cuando se siente ese sueltito en los bolsillos, como que pesa, que molesta

4. Bebes más. Y tan solo por una razón muy simple: porque es barato. En Islandia, el alcohol es tan sumamente caro, que antes que te llegue el “puntito”, se te acabó el dinero. No solo bebes más, sino que disfrutas invitando a los amigos a alguna que otra ronda. En islandia, cada uno lleva su botella- porque bien que les costó comprarla- y la protege con celo,como Golum al anillo.

5. Cuando no comprendes qué necesidad tiene la Policía de tu país de esa demostración obscena de fuerza constante. Comenzando por la exhibición de sus armas, y terminando por la chulería que les caracteriza al dirigirse a los ciudadanos. Rechazas instintivamente esa representación de lo agresivo y violento. Te acuerdas, de aquel policía en Reykjavik rescatando al gatito de un árbol, o aquel otro que le pasaba un café por la ventana a un vecino aun en pijama. ¿ Qué hemos hecho mal en el resto de países? ¿Qué falló?

6. En verano, te das el gustazo de echar la persiana hasta que ni la más mínima rendija deja pasar ni un rayito de luz. La persiana, ese objeto de deseo, tan español, y que tanto nos llama la atención que no exista en otros países. Vale, que en invierno, con esas oscuridades y noche casi permanente, no hace falta persianas. Pero en verano, su “sol de medianoche” es tan invasivo como nuestro sol mediterráneo cayendo cenital a 50 grados sobre nuestras cabezas a las 3 de la tarde. Quizás no se han dado cuenta que bien vienen una persiona, porque total..no hacen siesta


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