Travesía por la ciudad, día 1

Travesía por la ciudad, día 1 - Francia

Llegué a la ciudad de una manera peculiar.

En Madrid me cambiaron de vuelo, por lo que esperé unas horas, durante el vuelo llovió y hubo turbulencias a cada rato, en una de esas, vi a una señora asiática en su asiento acostada, estaba dormida  y apoyando la cabeza en la mesa, mientras que una sobrecargo la agitaba para que reaccionase.

Al llegar al aeropuerto Charles de Gaulle, hacía frío, era más de medianoche y mi maleta no había llegado con el vuelo, con mi mamá reclamamos el hecho, a lo que nos entregaron un kit mientras revisaban y fuimos al hotel. Cabe destacar que la angustia por las maletas no nos dejó dormir bien.

Cuando despertamos en la mañana, nos cambiamos de ropa y bajamos a desayunar. Mi cara al ver lo que había para comer fue un poema, waffles, panquecas, muffins, tocineta, cereal, fruta y dulces, es decir, lo que a una chica de 17 años hacía que en sus ojos hubiera corazones. Poco a poco fuimos conociendo a nuestros compañeros de tour; había personas de diferentes países, de Argentina, Chile, México, República Dominicana, Estados Unidos y paisanos de nuestro mismo país, Venezuela, tres familias eran de Caracas, ciudad en la que vivo, mientras que las otras dos eran de Cagua y de Falcón, diferentes estados del país.

El guía se llamaba Vidal y el conductor Julián; el clima en la ciudad era frío en pleno verano, en el autobús vi a un grupo de bomberos jugando volleyball en la arena con shorts y franelillas mientras que el tiempo era frío, me dije «¡Dios mío! ¿Cómo pueden jugar así con este clima?». En el recorrido tomé fotos hasta decir basta, la primera parada fue sacarnos fotos en el Hospital de los Inválidos, que se encuentra al lado de la tumba de Napoleón; puedo decir que el clima ayudó mucho para las fotos.

Luego, pasamos por la Torre Eiffel, para hacer las fotos con sus poses, el clima estaba mejorando y parecía una mañana de primavera. Más tarde, nos llevaron a el museo de Louvre, el museo más hermoso que he podido visitar con un estilo tan único y peculiar, ver esas obras de arte fue como escuchar la música más celestial que se haya compuesto; arte, historia, belleza, hechos, rostros, civilizaciones, eso fue tocar el cielo. En la sala donde se encuentra «La Mona Lisa» de Leonardo Da Vinci, se escuchaban varios clicks, lo cierto es que no pude creer que fuera así de magnífica, por lo que entre tanto movimiento logré sacar buenas fotos de la obra más conocida de Da Vinci.

Lo que más me fascinó del museo fue la parte renacentista y la parte griega; cuando terminamos de ver el museo fuimos a comer, mamá y yo habíamos elegido comer paella y pescado, cuando probamos la comida estaba muy picante, cosa que a la que no estamos acostumbradas, pensé que era el pescado, pero era la paella la que estaba picante (Ahí comenzamos a hacer chistes cuando una comida estaba demasiado picante)

Cuando volvimos al hotel, las maletas habían llegado, por lo que fuimos a llamar a mis abuelos y a mis tías para comentar la travesía, nos cambiamos de ropa y volvimos a salir con el grupo, fuimos a Mont Matre, una belleza de lugar, puedo asegurar que escuchaba la música de «Ratatouille» mientras veía la ciudad desde la catedral, fue hermoso. Fuimos bajando y mi mamá y yo no pudimos resistir la tentación de comer crêpes, la de ella con queso y hongos y la mía de Nutella y banana, al llegar al bus, solo quería saber una cosa, ¿El clima sería mejor al día siguiente?


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