Una vuelta por el Istmo de Panamá

Una vuelta por el Istmo de Panamá - Sin categoría

Posterior a la muerte de Fidel Castro, su hermano, heredero del poder por decreto de una proclama, se ha visto el Gobierno cubano obligado a realizar algunas reformas en beneficio de la ciudadanía. Los cubanos atados de pies y manos fuimos beneficiados por esas reformas, dada la presión internacional que arremetía contra la cárcel nacional que establecía la administración del Partido Comunista, actual administrador de la política del país. Ya podemos viajar a algunos países de libre visado y se nos permite viajar a la República Cooperativa de Guyana. Por un convenio posterior, los que habían visitado Guyana podían optar por visitar Panamá con una visa de 20 Balboas. Artistas y visitantes anteriores que viajaban a Guyana ahora podían ir a Panamá como un derecho. Aprovechando esta opción y como ya había estado en Guyana opté por la opción de la visa de 20 balboas y fui a Panamá.

Todo me salió bien y en la aduana de Panamá, después del chequeo rutinario me han recogido el pasaporte conjuntamente con otros cubanos del mismo vuelo, alrededor de 30 pasajeros y los han puesto en una colita frente a unas oficinas. Nos han explicado que se trata de un chequeo rutinario para comprobar los pasaportes. Al rato de aquella espera, viene otra alta funcionaria y nos dice que allí en aquel lugar no podíamos estar y tomando a cada uno por los brazos, cual si fuéramos párvulos de primaria, nos ha cambiado de lugar. Que casualidad que tres europeas muy jóvenes, entre 18 y 29 años, confundidas, se quisieron incorporar a la colita de cubanos controlados, a lo que ésta funcionaria de aduana le respondió que no era necesario, que ellas no necesitaban ese chequeo, expresando: «Welcome, please by here». La impotencia se apoderaba de mi y de todos los cubanos que estábamos allí. No cupo dudas de que existe una diferenciación en el trato para los turistas europeos y los pobrecitos cubanos con visa de 20 balboas.

Una hora después y terminado todo aquel desesperante y engorroso proceso, logré salir y alquilar un taxi que nos llevara a cada cual a su destino.

Casualmente una ves allí fui a pernoctar en casa de unos amigos.

Que puedo decir! Panamá es un gran país. Recuerdo la invasión norteamericana a esta nación y de como se puso fin al mandato de Manuel Antonio Noriega, muy conocido como «el hombre duro» y de como se puso fin al narcotráfico que este presidente tenía en éste país.

Durante 15 días he recorrido parte del territorio panameño. He tomado el metro para visitar lugares y tiendas, y todo a sido como un gran sueño hecho realidad. Construcciones por doquier, centros comerciales, lugares de recreo, muchos autos y un gran movimiento caracterizan a éste terruño, cuyo canal interoceánico le sirve para ingresar grandes sumas de dinero, que a su vez, contribuyen al desarrollo del país.

He visitado y comprado en la muy famosa «Zona Libre» de Colón, llamada así porque a los extranjeros que compramos allí se nos exonera de pagar el impuesto del 7% que cobran la tiendas en el resto de la república. Aquí hay objetos de todo tipo, desde efectos eléctricos, ropas, joyas, zapatos y motos, hasta los más bellos y útiles utensilios de cocina. Aquí hay de todo lo que usted pudiera desear. Sin dejar de mencionar el buen trato de esta gente que le invitan, le explican y le sonríen de manera muy placentera, imprimiendo una imagen de buen corazón que insista sobre todo, a que usted, repita la visita.

Una ves adquirido todo lo que había planificado, solo quedaba esperar el regreso y ¡qué casualidad!, era Domingo 5 de Mayo y celebra Panamá las elecciones presidenciales. Los amigos de donde me alojé son partidarios de Nito Cortizo, el candidato que salió electo en estos sufragios. El evento constituyó una lección de democracia, sin fraudes, sin egoísmo, sin manchas. Los contrarios reconocieron a Cortizo como el ganador sin discusión.

La experiencia del viaje fue incomparable, buena e inspiradora para un segundo viaje.


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