Uniendo continentes – Travesía de un aventurero

Uniendo continentes – Travesía de un aventurero - Internacional

Relato de un santafesino que decidió rastrear sus raíces italianas y para ello viajó hasta la misma tierra de su abuelo, “al otro lado del charco”.

Quien sabe a cuántos de ustedes les ha pasado por sus mentes esas ideas de ¿cuándo?, ¿por qué?, ¿cómo? ¿Será cierto lo que contó? ¿Solo o acompañado? ¿Se habrá casado allá? ¿Habrá tenido otros hijos? Muchas son las preguntas que podemos realizarnos sobre aquellos primeros hombres y mujeres que arribaron a nuestras tierras; estas tierras en la que muchos de nosotros nacimos pero en la que ellos solo vivieron sobre el final de sus días.

Si, amigos lectores, me refiero a la historia de nuestros abuelos, los que vinieron con las mismas esperanzas que hoy muchos de nosotros depositamos al pensar en un regreso. Ellos, que sin Internet ni dominio de una lengua extranjera, se animaron a cruzar los mares.

Contaba mi padre que siendo muy pequeño (6 años) escuchaba las aventuras de su propio padre cuando contaba que, luego de una noche de alcohol, paseando por Nápoles, despertó en un barco. Solo sus gritos se escuchaban, pidiendo que lo devolvieran a Italia porque en América se lo comerían los indios. Recuerdo a mi padre cuando contaba esa cosas, y detrás se escuchaba su fuerte risotada. Mi padre, que apenas conoció al suyo o al menos jamás le contaron otras cosas de su vida, poco sabia de aquello.

Es así que un día me puse a investigar la historia de mi abuelo, es decir, mi propia historia familiar.

Para eso me reencontré con la historia de mi familia en una caja de cartón antigua, con viejas fotos escritas en el reverso. Y la búsqueda de todas las documentaciones referentes a mis abuelos gringos: partidas de casamientos; defunciones y la reconstrucción de un pequeño árbol genealógico.

Luego de haber investigado por doce años y estudiado la historia del lugar de su nacimiento, Mayorana, provincia de Caserta, Italia (como estaba escrito en sus partidas argentinas “casamiento y defunción”, ya que no contaba con la de su nacimiento), me propuse realizar su búsqueda, aunque ello me arrastrara hasta el confín del mundo y me coman los indios, como diría en su ignorancia sobre nuestras tierras mi abuelo.

Con cada paso que realizaba en mi investigación llegaba más a la conclusión de que a ningún lugar había llegado y cada vez eran más fuertes esas primeras preguntas: Mayorana, ¿estaría bien escrito ? ¿Mayorana o Maiorano? Existen dos lugares con ese nombre en internet: Maiorano di Monte; o Maiorano, fracción pequeña de la comuna de Formicola. Bien, sin más vueltas y buscando mapas de esa región, un día dije: me voy. Y me fui.

PRIMEROS PASOS EN ITALIA

Luego de arribar a Nápoles, me di cuenta de que estaba muy lejos de los Altos Casertanos, para lo que era en ese entonces. Hablo del año de emigración de mi abuelo,1893.

Luego de encontrar una respuesta negativa por parte del comune de Dragoni (cabecera de la fracción de Maiorano di Monte, me dirigí al propio Maiorano di Monte, 8 km. a pie, montaña arriba, encontrándome con un pequeñísimo pueblo medieval donde sus vecinos, sin contar con medios de transportes ni hotelerías, velozmente me preguntaron: “¿De dónde viene usted?” Mi respuesta fue: “De Argentina”, y enseguida se escuchó: “¿Argentina? ¿A pie? El hermano de mi padre se fue a la Argentina, está en Buenos Aires pero nunca más supimos de él, ¿Usted no lo conoce?”
Mi respuesta fue: “no, señora, vine en un vuelo hasta Nápoles y después en tren hasta Caserta, y en autobús hasta Dragoni, únicamente me vine a pie desde Dragoni. Lamento decirle que no conozco a su tío, Argentina es muy grande”.
“Dios quiera que esté bien y su familia; yo era muy pequeña cuando lo vimos partir”.
Confieso que esa realidad me chocó mucho, sentí que tenía un nudo en mi garganta, y con cada cosa que decía esa vieccheta (viejita), ese nudo seguía creciendo.

Al llegar la noche, me ofrecieron ingresar a una carpa tipo estructural (un placebo publicitario), en la plaza principal del pueblito. Seguidamente fue la invitación a cenar y gente que llegaba y me decía: “tengo un hermano de mi abuelo que se fue a la Argentina, mi apellido es De Marco, ¿hay gente con ese apellido allá?” Otro que preguntaba mi apellido, y al responderles, me contestaban: – Esos son de Formicola – Maiorana, hay una fracción con ese apellido “Medici”. Ustedes eran nobiles (nobles) acá; mientras otro decía, “los Medici son de Florencia”, otro retrucaba diciendo: “no, hay Medici en Teano”. Comida y más comida, y más gente que llegaba. Sus teléfonos no dejaban de sonar aunque era la una de la mañana, y más mensajes preguntando si conocía en Argentina diversos apellidos que, de no ser familiares a mis oídos como muchos apellidos gringos en nuestra Santa Fe, jamás hubiese entendido lo que me decían, ya que por cada fracción (pequeños poblados separados por una calle o por algunos pocos kilómetros) varía su dialecto.

Fue así que al otro día, por gentileza de la gente, me llevaron hasta Formicola; sin dar acierto a mi búsqueda de la partida de nacimiento de mi abuelo, su respuesta fue: “Acá estuvo esa familia, pero eran nóbile en el año 1200, ese palacio mucho más moderno del 1600 es de una familia descendiente que vive en América, viene cada año y ya no conserva ese apellido”.

Al cabo de un par de semanas, otra idea se me cruzó por mi cabeza, y fue la de irme a la misma capital de Caserta, para preguntar en il Uffici di Catastro (Oficina Catastral) cuál era la fracción de Mayorana. Un agente me brindó muy gentilmente una información que hubiese deseado no haber escuchado jamás: “¿Mayorana? No, Maggiorano. Por el año de nacimiento de tu abuelo (1867) era lo que hoy es la Comunidad Montana del Monte Maggiore, que comprende desde la localidad de Teano hasta Vairano Patenora, y desde Riardo hasta Caiazzo”. Mientras, me mostraba un plano de la época y mis ojos se desorbitaban.

¿Cuantos kilómetros son? “Una veintena de largo por diez de ancho”, me contestó y agregó: “suerte en su búsqueda, los hermanos de mi abuelo se fueron a la Argentina”.

UN ENCUENTRO AFORTUNADO

“Bien Bochita, como me dicen familiares y amigos -me dije para mis adentros- tendrás que caminar como Kung Fu”. Y al otro día comenzaron mis caminatas. Cuarenta y cinco kilómetros por día de caminata era un excelente ejercicio para bajar un poco mi abultado abdomen, resultado de tantos carbohidratos, quesos y vinos de toda la región de la Campania.

Fue así que caminé por cada comuna alrededor de la región del Monte Maggiore durante un mes y veintidós días, de los cuales pasé 30 viviendo en una carpa con 5º de temperatura por la noche y lluvias que traspasaban el techo de una simple tela construida para detener el paso del sol. Y otras las pasé durmiendo en estaciones de tren, al costado de la ruta, con el único fin de resguardarme del frío, viento y lluvia.

No todo estaba perdido; en una de mis consultas en una diócesis de la localidad de Piedimonte Matese, el encargado de esa biblioteca, el señor “Gino”, me preguntó: “¿Dónde estás parando? ¿Tú eres el argentino que camina por todos los comunas? Hay un prete (cura) de la Comuna de Dragoni que te está esperando. Él es del Perú, es un hermano latinoamericano, debes ir para conocerlo y hablar con él”.

Es así como conocí a ese gran curita peruano, don David Ortega; quien me ofreció una casa en una fracción dependiente de Dragoni “Trivoliscchi” y, lo mejor de todo, el comienzo de una amistad para toda la vida.
Fueron muchas horas de almuerzos, viajes y charlas diversas junto a don David; un hombre con un conocimiento íntegro, profesor de sociología; filosofía; teología; sacerdote; y psicoanalista, docente universitario y músico; presidente de una fundación en el Perú llamada “Ong Kahuay”, cuyo objetivos es resguardar y proteger los bienes culturales y raíces de una población descendiente de ese gran imperio Inca.

En unas de mis idas a Caserta, consulté en el anagraffe de ese comune, atendido por un señor, que luego de leer mis documentos, me miró y, esbozando una sonrisa, me dijo:
– ¿Tú eres el argentino que está buscando el acta de nacimiento de su abuelo? ¿El que camina por todos los comunes?
– Si -contesté-, ya se, no me diga nada. ¿Usted tiene parientes en la Argentina?
– Si, pero eso no es nada; mirá quién firma las actas de casamiento y defunción de tu abuelo.
– Si, veo, ¿qué significa?
– El jefe del registro civil tiene mi mismo apellido, “Maggio”, y son de la localidad de Rafaela (Santa Fe). Mis parientes, creo, se fueron a una localidad de Santa Fe, Rafaela. ¡Seguro que son parientes mios! ¡Qué pequeño es el mundo!
El señor Maggio me acompañó hasta la puerta y señalándome una calle me dijo: – Camina por acá, derecho, y sigue esta misma calle; a unos quince minutos a pie encontrarás un organismo que se llama Archivio dello Stato (Archivo del Estado) y ahí encontraras tu partida ¡No camines más argentino!

EL PASADO REVELADO

Caminé otros quince minutos como me indicara este señor y, dentro de ese organismo público, di con un personaje que fumaba unos cigarrillos largos con boquilla y que tras ver mis documentos familiares, me dijo: “Ese es un apellido de nobles”. Mientras daba indicaciones a sus agentes, se refería a ellos diciéndoles: “Busca en los registros del ejército. Tú, en la Comuna de Vairano, tú en la de Teano”. Me dio un librazo gigante del ejército, de la época de Garibaldi para que también buscase; y en escasos veinte minutos, me mostró una partida de nacimiento en cuya escritura constaba: “Antonio Medici nato 1864 Comuna de Vairano Patenora”. Mientras me decía: – No nació en el ‘67, nació en el 64. ¡Antes se quitaban edad! ¿Cuántos años tenia tu abuela cuando se casaron?
– Veintiocho-, respondí.
– Claro, era muy joven para él. Y el apellido de su madre no era Salsella sino Salzillo. Salsella no existe en Italia como apellido. Y atenzione: ya estaba casado. Pero su esposa murió a los dos años a causa de una enfermedad.
Y comenzó a contarme la historia del lugar, con tanto entusiasmo que no tardó en atrapar mi atención.
– Muchos huían por enfermedades y cuando llegaban a otros lugares no decían el motivo de su ida por miedo a que no los dejen entrar. Esa región tuvo tres grandes pandemias: una fue la de viruela y las otras dos de cólera. La primera fue a fines de 1790 y principios del 1800; otra en 1820 y la última fue en 1880, La gente, además de las guerras de la Unificación (unificación de los cinco reinos de Italia y la expulsión de los borbones de territorios ocupado durante 200 años), salían despavoridos para América. Un 70% de esa región del Monte Maggiore fue para la Argentina; acá había una población de más de 40 mil habitantes. Hoy apenas pasan la mitad de esa cifra.

Luego de esa conquista, raudamente fue mi ida a esa ciudad de los Altos Casertanos, acompañado con don David, recorriendo en su auto un paisaje inmerso en un conjunto de castillos medievales y casitas que parecían estar colgados de esos cordones montañosos de los Pirineos Meridionales.

Inmediatamente, al entrar a la comuna de esa localidad, un agente del organismo dirigió su mirada, con una sonrisa como es habitual en los italianos, y señalándome con su dedo y viendo que no era de ese lugar, me pregunta:
– ¿Cognome? (apellido).
– Medici-, le respondí.
– Sei tutti uguali, grande de peto e gamba grosa, anche de face (son todos iguales, de pecho grande y piernas gruesas, también de cara).
Días después fuimos con mi amigo Graziano (un italiano vecino de la zona), a hablar con un Medici de esa región, profesor de Historia y comprometido con el estudio del apellido, quien nos contó nuestra descendencia y, sin dejar de sonreír y de mirarme de arriba abajo, sorprendido por las características físicas en común, me narró sobre esos dos hermanos de Nobleza Medieval, llegados en el año 1200 que conquistaron esas tierras, venidos desde la lejanía de los pueblos Lombardos.

Es así, de este modo, como concluye mi historia, relatada desde los Altos Casertanos, provincia de Caserta, Región de la Campania o Napolitana; o mejor dicho, relato desde el otro lado del charco, como decimos en mi lontana (lejana) Argentina. Transmitiendo una historia viva de recuerdos y emociones, que sin distinción de descendencias, pudiera ser reflejo de muchos santafesinos, en alcanzar el mismo interés por revelar nuestros antepasados, sean de los pueblos americanos o no, del Oriente o del Occidente; del sur o del norte.

Una historia, que sin lugar a dudas, será narrada a mi hijo; sobrinos; nietos y a la sucesiva descendencia futura a través de sus propios relatos.

Autor: Prof. Carlos Medici Morcillo


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