¿Volveremos a viajar?

¿Volveremos a viajar? - Opinión

El mundo está paralizado frente a una pandemia que nos excede. El COVID-19 azota sociedades enteras, cobrándose vidas y modificando las relaciones sociales y económicas. Nos encontramos frente a nuevas formas de comprender el lugar que habitamos.

Las fronteras están cerradas. Más allá de las diferentes políticas de estado de cada país, hay una política global que nos rige a todos. Y nos trae más dudas que certezas ¿estamos frente a un cambio de paradigma? Quizás. Dejaremos ese análisis para después (si es que hay después).

Lo cierto es que afrontamos un momento donde las miradas apocalípticas y las propositivas convergen en un caótico encuentro. Fiel reflejo del mundo convulsionado que se nos presenta hoy. Donde todo está en permanente (y acelerado) cambio.

Todo (o casi) lo que hacíamos, previo a la aparición del COVID-19, ya no podemos hacerlo. Es cuestión de tiempo, dicen. Pero ¿para qué queremos volver a la normalidad? Y, ahí entra en juego las nuevas formas de comprender el mundo y las relaciones. Este confinamiento nos ha permitido poner en valor lo esencial.

¿De qué nos sirve acumular mucho dinero si puede venir una pandemia y arrasar con todo? Y frases hechas como “vivir el día” cobran algo de sentido. Muchas veces soñamos con dejar todo y subirnos a un avión para ir explorar lugares nuevos para nosotros. Quizás, si todo esto pasa, deje ser solo un sueño.

Hoy, somos muchos los que consideramos el viajar como una experiencia de vida enriquecedora. Conocer lugares, personas y culturas nos habilita nuevos espacios en nuestra mente y alma. La comunidad viajera es enorme, hay quienes sostienen que estamos frente al mayor flujo de movilización de personas en la historia. Estábamos, claro.

¿Volveremos a viajar? Esta, como las otras y tantas preguntas de hoy, no tiene una respuesta certera. Apostamos a que sí. A que el mundo vuelva a moverse y nosotros en él. De que pase,  ¿lo haríamos de la misma forma?

Seguramente muchas cuestiones van a cambiar, aunque no sepamos bien cuáles. Lo que no debe impedirnos el armar una valija para salir al encuentro de otros. Y de lugares maravillosos que tiene este planeta. Volver a mirar a través de la ventana de un avión. Volver a sentir la adrenalina de aterrizar y tener que buscar la forma de llegar a un hotel o hostal. De salir a caminar y terminar en algún bar o café mirando por la ventana un lugar que hacemos propio. Porque el mundo, es de todos.


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